IKEA: un caso de buen humor en la venta

06.06.2019

IKEA es una de las empresas más reconocidas como espacio de ventas serio pero a la vez divertido. Toda la tienda está concebida como un enorme parque de juegos. Es como un laberinto donde se van descubriendo distintos escenarios para jugar, con pequeños lápices y hojitas, el bolsón amarillo, el catálogo, la cinta métrica, los carros y las cajas planas que tendremos que cargar en el coche de algún modo.

A diferencia de otras tiendas de muebles, todo se puede tocar, manosear, abrir, cerrar, probar y girar. Las cosas hay que llevárselas físicamente y luego montarlas en casa, que suele ser todo un "rompecabezas", si no una aventura. Y lo mejor son los detalles: los diseños insólitos (como ese cojín/corazón con brazos), los nombres absurdos de los muebles (Flokati, Mörk, Pöang), el menú "Hazte el Sueco", los simpáticos personajes dibujados en las instrucciones para montar los muebles...

Además, IKEA introduce muchos toques desenfadados en todos sus materiales de marketing. En su célebre catálogo, en su página web, y por supuesto en sus divertidísimas campañas publicitarias, que incluso llegan de reírse de si mismos...

IKEA aprovecha cualquier oportunidad para introducir elementos divertidos en la interacción con el cliente. En los lanzamientos de sus tiendas, por ejemplo, montan un auténtico circo donde se corta un tronco (en vez de la clásica 'cinta'), los primeros clientes reciben bonos para canjear por muebles o los gerentes y autoridades que ofician el acto compiten intentando montar una silla en tiempo record.

También preparan a sus empleados para tratar a los clientes con un espíritu alegre. Por lo visto, en alguna de sus centros, han llegado a colocar un poster con la cara del fundador, Ingar Kamprad, sobre el cuerpo de un jugador de baloncesto, justamente en el interior de la puerta que da acceso a la zona de tienda -¡para que los trabajadores se echen unas risas a su costa justo antes de entrar en contacto con los clientes!